Para unos y otros

Artículo de opinión de Javier González Serrano. Compañero de La Izquierda en Parla.

Lo que diferencia una acción política, social, económica, cultural, familiar, laboral, deportiva, pedagógica, etc., de otra, tanto de carácter individual como colectiva, es el sentido de la responsabilidad con la que ha sido creada y acometida.

Demasiadas veces somos proclives a amplificar nuestras opiniones, ideas o razones a fin de que suenen con más volumen que las demás, sin que esto, garantice su idoneidad. Pero también, demasiadas veces, usamos gran parte de nuestros recursos en buscar excusas que justifiquen o escondan los problemas que generamos con acciones o decisiones llevadas a cabo con poco o nulo sentido de la responsabilidad.

Comentaba Nietzsche que la responsabilidad es esencial en el ser humano ya que no es por cuestiones divinas lo que nos sucede, es por nuestras decisiones.

Probablemente las dos cualidades que mejor acompañan a una acción responsable sean la inteligencia y la honestidad. La primera porque de toda acción inteligente, siempre que haya armonía entre la inteligencia individual y la inteligencia colectiva, se obtienen resultados inteligentes. Y la segunda porque nos acerca a la transparencia y a la limpieza con la que debe ponerse en marcha cualquier acción, más  si esta afecta al devenir público.

En estos tiempos donde todo vuela, moldeamos el sentido de la responsabilidad a imagen y semejanza de nuestros intereses y estrategias particulares. Si esto ya es grave cuando hablamos de acciones particulares, como ciudadanos de a pie, por tomar un ejemplo.  La situación empeora cuando nos adentramos en la acción política, tan necesaria en democracia.

Como gestores de lo público debemos tomar las riendas de la responsabilidad que de vez en cuando nos muestra que el camino correcto no es el que pensábamos o el que prometíamos a bombo y platillo. Debemos actuar para el bien de los demás no para el que creemos que puede ser el bien de los demás. Insistir una y otra vez en los mismos errores sin rectificar un ápice nos convierte en perniciosos y contaminamos la salud democrática.

Vivir en la ficción es bastante peligroso, pues tarde o temprano la realidad nos recibirá con los brazos abiertos. Idealidad versus realidad nos puede llevar a consumir grandes dosis de insatisfacción, tanta como la que podemos generar a nuestros conciudadanos con una mala gestión.

La responsabilidad a la carta no existe aunque sea la más consumida, no solo en la actividad política internacional o nacional sino también en la local. Parla, por ejemplo, es una ciudad  que lleva largo tiempo padeciendo los sinsabores de la irresponsabilidad, gracias a la falta de acción política responsable, a las continuas guerras civiles que sufren la mayor parte de los grupos políticos con representación, a la insultante dedicación que nos brinda el gobierno autonómico,  al nulo sentido de la responsabilidad y a la mediocridad del equipo de gobierno local atrincherado en su inanición y acorralado por los suyos desde distintos flancos y  que nos lleva a ser una ciudad asentada en medio de un despropósito tras otro. Es  una lástima que se empobrezca de este modo la labor política tanto como la velocidad estropea la belleza del camino.

Es de “responsables” dar un giro a esta situación. Se debe evolucionar hacia objetivos menos partidistas y más universales. La tiranía, la incompetencia, la excesiva ambición o la perversidad hacen fracasar a la política. Los corruptos, los trepadores y los embusteros deben quedar fuera de la función pública y para ello debemos elegir a nuestros representantes desde la reflexión que nos brinda la libertad y no desde el refranero. Necesitamos que el sentido común se asiente y dejemos de jugar unos y otros, pues la política no es un juego, es un ejercicio de responsabilidad.

Artículo de opinión de Javier González Serrano. Compañero de La Izquierda en Parla.